
© Imagen Subliminal
En una tranquila y arbolada urbanización a las afueras de Madrid emerge una vivienda que parece desafiar los paradigmas tradicionales de la arquitectura residencial. Diseñada por Borja Lomas (Voluar Arquitectura) y concluida en 2023, La Casa que se Bifurca es mucho más que un hogar; es una meditación arquitectónica sobre el tiempo, el espacio y nuestra relación con la naturaleza.

© Borja Lomas
La poética del tiempo en la arquitectura
A diferencia de Newton o Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que se secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades.
Jorge Luis Borges, El jardín de los senderos que se bifurcan.
Inspirada por la narrativa de Jorge Luis Borges y la concepción del espacio-tiempo de Einstein, esta casa invita a un recorrido que no puede apresurarse ni contemplarse en su totalidad desde un solo punto de vista. A medida que uno se desplaza por ella, el espacio se despliega como un acertijo dinámico, donde cada movimiento revela nuevas perspectivas y oculta otras. Las sombras proyectadas por su volumetría de acero corten, oxidado y en constante evolución, amplifican esta sensación, convirtiendo la casa en un reloj visual donde la luz natural y las texturas nos recuerdan la inevitable marcha del tiempo.

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Los arquitectos solemos hablar de las cualidades del espacio, pero pocas veces reflexionamos de la esencia temporal que lleva anidado. Límites y configuraciones espaciales implican diferentes percepciones temporales. Porque el espacio sin tiempo deviene en una imagen estática y plana, pierde su profundidad.
Memoria del proyecto

© Borja Lomas

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En su interior, el acero y el vidrio coexisten con un espejo curvo que distorsiona las reglas tradicionales del espacio, ofreciendo un guiño al “tiempo imposible” que el diseño sugiere. Los reflejos y las transparencias confunden la frontera entre interior y exterior, extendiendo el jardín hacia lo doméstico y viceversa, como si la vivienda misma estuviera en una conversación incesante con su entorno.

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Un diseño epigenético
La memoria del proyecto describe el diseño como un proceso “epigenético”, adaptativo y orgánico, en resonancia con las palabras de Alvar Aalto: “El modelo más importante de la arquitectura es la naturaleza, no la máquina”. Aquí, la forma de la casa es una consecuencia directa de las condiciones específicas del lugar y las necesidades de sus habitantes.

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La Casa que se bifurca sigue este proceso creativo. Parte de un programa, las genéticas, según las necesidades de una familia de cultura mediterránea, es decir, donde el núcleo familiar se amplía continuamente por los abuelos, familiares y amigos, requiriendo un espacio flexible, que puede desplegarse o recogerse según las necesidades cambiantes de cada momento. Estos genes o espacios son las instrucciones que marcan y se vinculan a actividades, pero no en una relación directa entre espacio-función, sino que se activarán y desactivarán según los diferentes usos que le otorguen quienes los habiten.
Memoria del proyecto

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El diseño fragmentado y ramificado responde al contexto mediterráneo: una familia que crece y acoge a amigos y familiares en un espacio flexible y versátil. Las piezas rectangulares, funcionales y neutras en su geometría, se organizan para permitir que las actividades definan el espacio, no al revés. Los volúmenes parecen deslizarse entre los árboles, respetándolos y dialogando con ellos, mientras el conjunto se despliega hacia el sur, aprovechando la luz y las vistas del bosque circundante.

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Una forma encontrada
A diferencia de las formas impuestas, esta casa “se encuentra”. Los volúmenes bifurcados parecen emerger como ramificaciones naturales, adaptándose a las condiciones del terreno y sus alrededores. Desde la calle, la vivienda mantiene una presencia discreta, cerrándose para ofrecer privacidad, mientras que en el lado sur se abre con generosidad hacia el paisaje, desplegándose como una extensión orgánica de su entorno.

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La piscina, los volúmenes elevados y las terrazas escalonadas refuerzan la conexión con el terreno, dando lugar a una topografía arquitectónica que fluye con naturalidad. La materialidad —el acero corten y el vidrio— refuerza esta idea de cambio constante y pertenencia al entorno, mientras el diseño esculpe un espacio que no podría haber existido en otro lugar ni bajo otras circunstancias.

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Conclusión
La Casa que se Bifurca es un ejemplo de cómo la arquitectura puede transcender su función práctica para convertirse en un reflejo de conceptos más profundos: el tiempo, la naturaleza y la adaptabilidad. Borja Lomas ha creado un hogar que no solo dialoga con su entorno, sino también con las emociones y percepciones de quienes lo habitan o lo visitan. Es un espacio para ser recorrido, vivido y sentido, donde cada sombra, cada reflejo y cada ángulo nos recuerdan que el espacio es tan dinámico como el tiempo mismo.

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La Casa que se Bifurca
- Proyecto: La Casa que se bifurca
- Arquitectos: Borja Lomas (Voluar Arquitectura)
- Situación: Madrid
- Fecha proyecto: 2019
- Fecha construcción: 2023
- Fotografías y Video: © Imagen Subliminal (Miguel Guzmán + Rocío Romero)










Movilidad vertical dice
Interesante cómo se plantea la vivienda casi como una experiencia en movimiento, donde no existe una única lectura del espacio sino que va cambiando según se recorre. Esa idea de “entenderla caminándola” le da una profundidad poco habitual en proyectos residenciales.
Al final, más que una casa estática, parece un diálogo continuo entre arquitectura, tiempo y entorno, donde la forma y los materiales evolucionan con el uso y la luz.