Durante siglos, las ciudades han sido diseñadas bajo la premisa de que el hormigón, el asfalto y por tanto la urbanización del espacio representaba progreso, comodidad y desarrollo. Sin embargo, este enfoque ha dado lugar a entornos urbanos que, si bien son funcionales, han perdido gran parte de su conexión con la naturaleza.
Hoy en día, y ante el futuro cambio de paradigma en las maneras de vivir las ciudades, la desurbanización estratégica emerge como una solución visionaria para rediseñar nuestras ciudades y devolverles su equilibrio.

La desurbanización estratégica no es solo un concepto, es una transformación profunda de cómo concebimos y utilizamos los espacios urbanos. Este enfoque propone que las calles infrautilizadas, aquellas que apenas son utilizadas por vehículos y que ocupan valioso terreno urbano, pueden reconvertirse en sus espacios verdes/naturales originales que revitalicen nuestras ciudades. La idea principal es desasfaltar y eliminar el hormigón para devolver áreas urbanas a la naturaleza, lo cual no solo mejora la estética de nuestras ciudades, sino que también soluciona problemas medioambientales urgentes como la gestión del agua, la contaminación y el aislamiento térmico, reduciendo el efecto de las islas térmicas, superficies urbanas impermeables que retinen el calor y hacen que la temperatura urbana sea significativamente más alta que en las zonas rurales.
Tomemos como ejemplo las iniciativas lideradas por Christophe Najdovski, alcalde adjunto de París, responsable de vegetación urbana, biodiversidad y bienestar animal. París ha comenzado a transformar plazas y calles en verdaderos pulmones verdes que no solo embellecen la ciudad, sino que también combaten el efecto sartén y mejoran la calidad del aire.
Najdovski es un firme defensor de la renaturalización urbana y su visión está sirviendo como modelo para otras ciudades que buscan adaptar sus entornos al siglo XXI.
Europa ha sido testigo de numerosos proyectos inspiradores de renaturalización. Zwolle, en los Países Bajos, ha logrado integrar vegetación en espacios previamente grises, demostrando cómo pequeñas intervenciones urbanas pueden generar cambios significativos. Estos proyectos han incluido la recuperación de ríos urbanos y la creación de corredores verdes que conectan diferentes áreas de la ciudad, promoviendo la biodiversidad y ofreciendo espacios recreativos a los ciudadanos. Además, la utilización de superficies permeables en lugar de pavimento convencional ha ayudado a gestionar el agua de lluvia, reduciendo el riesgo de inundaciones y mejorando la absorción de agua en el suelo.

Fuera de Europa, encontramos ejemplos igualmente inspiradores. Portland, en Estados Unidos, cuenta con Depave, una organización benéfica, que desde 2008 ha liderado la eliminación de miles de metros cuadrados de hormigón y asfalto, reemplazándolos con jardines y zonas verdes. Este esfuerzo no solo ha revitalizado el paisaje urbano, sino que también ha mitigado inundaciones recurrentes. En Seúl, la demolición de una autopista elevada permitió la restauración de un río urbano en pleno centro de la ciudad. Este proyecto ha revitalizado el ecosistema y se ha convertido en un espacio recreativo clave para la población local.
En Nueva York, el famoso High Line, un parque lineal construido sobre una antigua vía ferroviaria elevada es un recordatorio de que incluso las infraestructuras más industriales pueden ser transformadas.
Sin embargo, en Medellín (Colombia) han apostado por los Corredores Verdes, que han renovado avenidas principales con vegetación, mejorando el aire y proporcionando espacios públicos para los habitantes, un proyecto que ha dado la vuelta al mundo debido a sus sorprendentes resultados: refrescando la ciudad, con mas de 2,5 millones de plantas pequeñas y 880.000 árboles, este ecosistema ha devuelto animales a la ciudad que no se veían desde hace muchos años. Este proyecto recibió el premio internacional Ashden a las soluciones climáticas transformadoras.

El caso de Barcelona también merece una mención especial, aunque el enfoque de las «Supermanzanas» no está completamente centrado en la creación de espacios verdes. Estas áreas priorizan la circulación peatonal sobre el tráfico vehicular, lo que reduce la contaminación y permite una mejor interacción social. Este modelo muestra que, más allá de los jardines y parques, también es posible transformar las calles en lugares donde las personas puedan interactuar y disfrutar de su ciudad.

La desurbanización estratégica no solo ofrece una solución a los problemas medioambientales que enfrentan nuestras ciudades, sino que también responde a una necesidad social cada vez más evidente: la demanda de espacios donde podamos respirar, relajarnos y conectarnos con la naturaleza y con nuestras comunidades. Este enfoque representa una oportunidad única para replantearnos el diseño urbano y construir ciudades que sean no solo funcionales, sino también humanas y sostenibles, mientras pensamos como será el urbanismo del futuro, que seguro caminara de la mano de las revoluciones tecnología.
Por último este concepto es una declaración de principios e intenciones sobre cómo queremos vivir y cómo queremos que nuestras ciudades reflejen nuestra conexión con el medio ambiente.
Transformar calles infrautilizadas en espacios verdes no es simplemente una cuestión estética. Es un acto de reconciliación con nuestro entorno natural y una apuesta por un futuro donde la vida urbana y la naturaleza coexistan en armonía.
Como dijo David Harvey: ”El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos: es un derecho a cambiarnos mientras cambiamos la ciudad”




Peris+Toral Arquitectes han diseñado 85
La edificación se estructura entorno a un patio que articula una secuencia de espacios intermedios. En la planta baja, un pórtico abierto a la ciudad anticipa la puerta del edificio, que lo que hace es filtrar la relación entre el patio vecinal, que actúa como una pequeña plaza para la comunidad y el espacio público.
En planta tipo del edificio, se accede a las viviendas a través del núcleo y de las terrazas privadas que configuran los espacios exteriores que dan al patio. La planta general se estructura por una matriz de habitaciones comunicantes, que eliminan pasillos comunitarios y privados, aprovechando al máximo la planta del edificio.
Las viviendas constan entre cinco o seis módulos, según sean de dos o tres habitaciones. La cocina que puede ser abierta e inclusiva se sitúa en la zona central, como pieza distribuidora que permiten sustituir a los pasillos.



































