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Rem Koolhaas arquitecto

Artículos relacionados con el arquitecto holandés Rem Koolhaas en COSAS de ARQUITECTOS. Proyectos, exposiciones, frases y principales eventos de su carrera como arquitecto.

Rem Koolhaas

10 mejores documentales sobre arquitectura moderna

01/09/2026 Artículo escrito por Luis Sánchez Blasco Deja un comentario

Si alguna vez has salido de una película pensando más en el edificio que en los personajes, esta lista es para ti. Los mejores documentales sobre arquitectura moderna no solo enseñan obras icónicas: también muestran egos, contextos políticos, decisiones urbanas y esa mezcla de obsesión y método que suele esconderse detrás de una planta aparentemente limpia.

La arquitectura moderna funciona especialmente bien en formato documental porque no depende solo de la imagen bonita. Necesita tiempo, relato y contradicción. Un buen documental puede explicar por qué un muro importa, cómo una ciudad cambia por una idea y qué ocurre cuando la visión de un arquitecto choca con el uso real de las personas. Ahí está lo interesante.

10 mejores documentales sobre arquitectura moderna

Los mejores documentales sobre arquitectura moderna que merece la pena ver

No todos los títulos abordan la modernidad del mismo modo. Algunos se centran en grandes maestros, otros en edificios concretos y otros en la relación entre arquitectura, política y vida cotidiana. Precisamente por eso esta selección funciona bien tanto para arquitectos como para estudiantes, diseñadores o simples adictos al espacio bien pensado.

1. My Architect

Pocas películas han retratado con tanta humanidad la figura del arquitecto moderno como este documental sobre Louis Kahn. Dirigido por su hijo, Nathaniel Kahn, evita el homenaje fácil y construye una investigación íntima sobre un personaje enorme y, a la vez, esquivo.

Más allá de la biografía, lo valioso es cómo conecta obra y personalidad. Kimbell Art Museum, Salk Institute o la Asamblea Nacional de Bangladesh aparecen no como postales, sino como piezas de una manera de pensar la luz, el silencio y la gravedad. Si te interesa entender cómo la arquitectura moderna también puede ser emocional, empieza aquí.

2. Sketches of Frank Gehry

Sydney Pollack filma a Frank Gehry desde la cercanía, algo que tiene ventajas y límites. La ventaja es evidente: se accede al taller, a las maquetas, al proceso y al personaje sin demasiada pose académica. El límite también: no es una crítica dura, sino un retrato cómplice.

Aun así, sigue siendo una pieza muy útil para ver cómo un arquitecto contemporáneo traduce intuiciones casi escultóricas en edificios construibles. Además, permite observar la transición entre dibujo, maqueta y volumen real, algo especialmente interesante para quien disfruta del paso del concepto al detalle material.

3. The Pruitt-Igoe Myth

Si buscas un documental que vaya más allá del autor estrella, este es imprescindible. Su punto de partida es la demolición del complejo de vivienda social Pruitt-Igoe, en St. Louis, convertido durante décadas en símbolo del fracaso del movimiento moderno.

Lo brillante del film es que desmonta la lectura simplista. No culpa solo al diseño ni absuelve a la arquitectura por completo. Introduce racismo estructural, desinversión pública, desigualdad urbana y políticas de segregación. Es una lección muy necesaria para cualquiera que todavía crea que un edificio puede explicarse solo desde la forma.

Documentales sobre arquitectura moderna para entender a sus figuras clave

La modernidad arquitectónica también se construyó a través de relatos personales, manifiestos y posiciones ideológicas muy marcadas. Estos títulos ayudan a poner rostro y voz a algunas de sus figuras más influyentes.

4. Le Corbusier

Existen varios documentales dedicados a Le Corbusier, y no todos tienen el mismo nivel, pero vale la pena buscar uno que combine archivo, contexto histórico y lectura crítica de su legado. Su figura sigue siendo central porque concentra casi todos los debates de la arquitectura moderna: vivienda, ciudad, estandarización, máquina de habitar y culto al autor.

Ver un documental sobre Le Corbusier hoy tiene algo de ejercicio de calibración. Por un lado, impresiona la ambición intelectual y la claridad de sus ideas. Por otro, se hacen visibles los problemas de una visión urbana excesivamente abstracta cuando se separa del conflicto social real.

5. Eero Saarinen: The Architect Who Saw the Future

Saarinen suele quedar eclipsado por otros nombres más citados en las aulas, pero su obra tiene una fuerza visual y técnica extraordinaria. Este documental recorre proyectos como la terminal TWA o el Gateway Arch y muestra bien su capacidad para moverse entre expresividad formal e innovación estructural.

Lo mejor es que no lo reduce a arquitecto de gestos espectaculares. También deja ver sus colaboraciones, su trabajo con el diseño industrial y su lectura muy estadounidense del progreso moderno. Para quien quiera ampliar el canon más repetido, es una opción muy recomendable.

6. Mies van der Rohe: Less Is More

Mies corre el riesgo de quedar encapsulado en la frase que lo hizo famoso. Un buen documental sobre su obra sirve precisamente para salir de ese cliché. Detrás del minimalismo aparente hay una disciplina espacial extremadamente sofisticada, una precisión tectónica radical y una relación muy consciente entre estructura, proporción y representación.

Ver sus edificios en movimiento, con luz cambiante y escala humana, ayuda más que cien fotografías. El Pabellón de Barcelona, la Casa Farnsworth o el Seagram Building ganan otra dimensión cuando se explican desde su lógica constructiva y no solo desde la admiración formal.

7. The Human Scale

Aunque se mueve entre urbanismo y diseño urbano más que entre edificios icónicos, este documental merece entrar en cualquier lista seria sobre arquitectura moderna y contemporánea. Basado en las ideas de Jan Gehl, plantea una pregunta que sigue siendo urgente: ¿para quién diseñamos las ciudades?

Su interés está en el contrapunto. Frente a la modernidad entendida como objeto aislado, propone una lectura centrada en el peatón, la experiencia cotidiana y el espacio público. No es una impugnación total del legado moderno, pero sí una corrección bastante saludable.

Qué hace buenos a los mejores documentales sobre arquitectura moderna

No basta con mostrar hormigón visto, planos bonitos y música solemne. Los mejores documentales sobre arquitectura moderna funcionan cuando cruzan tres capas.

  1. La primera es visual, claro, porque la arquitectura entra también por los ojos.
  2. La segunda es histórica, porque ningún edificio aparece en el vacío.
  3. Y la tercera es humana, porque incluso la obra más racional nace de conflictos, obsesiones y decisiones muy poco neutrales.

Por eso algunos títulos técnicamente modestos resultan más memorables que producciones muy pulidas. Si consiguen explicar por qué una obra cambió una disciplina, cómo fue recibida en su tiempo y qué efectos tuvo después, ya están haciendo más que muchas monografías ilustradas.

8. Antonio Gaudí

Sí, Gaudí no encaja del todo en la etiqueta de arquitectura moderna en sentido estricto, y justo por eso conviene matizar su presencia en esta lista. El documental de Hiroshi Teshigahara sobre su obra no se acerca desde la biografía convencional, sino desde una contemplación casi hipnótica del espacio, la materia y la geometría.

Aunque se sitúe en los márgenes del canon moderno, ayuda a entender otra relación posible entre forma, estructura y naturaleza. Además, su lenguaje visual sigue siendo una referencia para arquitectos y diseñadores interesados en la expresividad material más allá del racionalismo ortodoxo.

9. Koolhaas Houselife

Este documental es una pequeña joya porque evita el enfoque reverencial. En lugar de explicar la Casa de Burdeos desde el discurso del autor, la muestra a través de Guadalupe Acedo, la empleada doméstica que la limpia, la habita y la sufre a diario.

El resultado es brillante. De repente, una obra canónica de Rem Koolhaas deja de ser solo una máquina conceptual y se convierte en un artefacto cotidiano, con sus virtudes y sus fricciones. Pocas películas han mostrado tan bien la distancia entre arquitectura publicada y arquitectura vivida.

10. Big Time

Este documental sigue durante años a Bjarke Ingels mientras su estudio crece y su figura pública se consolida. Es un retrato muy contemporáneo de la profesión: conferencias, presión mediática, proyectos globales, branding personal y producción arquitectónica a gran escala.

No representa la modernidad histórica, pero sí su herencia transformada en cultura de oficina del siglo XXI. También tiene un punto útil para estudiantes y jóvenes profesionales: muestra que detrás del arquitecto-celebridad hay más incertidumbre, negociación y desgaste del que suele verse en Instagram.

Cómo elegir por cuál empezar

Depende bastante de lo que busques. Si quieres una entrada emocional y profunda, My Architect sigue siendo difícil de superar. Si te interesa la crítica urbana y social, The Pruitt-Igoe Myth debería ir primero. Si prefieres proceso creativo y figura mediática, Sketches of Frank Gehry o Big Time funcionan mejor.

También influye el momento. Hay documentales para ver con libreta al lado y otros para ver casi como quien visita un edificio sin prisa. Lo ideal es alternar ambos tipos: uno te da contexto, el otro te afina la mirada.

Si te apetece empezar esta misma noche, hazlo con uno que no confirme lo que ya piensas sobre la modernidad, sino con uno que la complique un poco. Ahí es donde el cine deja de ilustrar edificios y empieza a enseñar arquitectura de verdad.

Publicado en: Documentales de Arquitectura Etiquetado como: bjarke ingels, Frank Gehry, gaudi, koolhaas, Le Corbusier, Louis I. Kahn, Mies van der Rohe, saarinen

12 mejores libros de arquitectura

07/04/2026 Artículo escrito por Luis Sánchez Blasco Deja un comentario

No todos los libros de arquitectura sirven para lo mismo. Algunos te ordenan la cabeza en plena entrega, otros te enseñan a mirar una planta con más intención, y unos cuantos te recuerdan por qué elegiste esta profesión aunque lleves semanas peleado con el detalle constructivo. Hablar de los mejores libros de arquitectura no es hacer una lista bonita para la mesa de centro. Es pensar qué títulos siguen formando criterio, sensibilidad y cultura proyectual.

Por eso esta selección no intenta ser definitiva. Sería imposible. La arquitectura se lee desde muchos frentes – teoría, historia, técnica, ciudad, representación, atmósfera – y cada lector entra por una puerta distinta. Aquí la idea es otra: reunir libros que, por distintas razones, siguen siendo valiosos para estudiantes, arquitectos jóvenes, interioristas y lectores que quieren entender mejor el espacio que habitan.

12 mejores libros de arquitectura

Cómo elegir los mejores libros de arquitectura

El error más común es buscar un solo libro que lo explique todo. No existe. Hay libros para aprender a proyectar, otros para entrenar el ojo y otros para discutir la disciplina desde una postura crítica. También están los que acompañan mejor una etapa concreta: primer año, taller, tesis, práctica profesional o simple curiosidad cultural.

Conviene pensar la biblioteca como un sistema y no como una pila de títulos famosos. Un buen libro técnico puede resultar árido si todavía no tienes base suficiente, y una gran obra teórica puede quedarse en cita de Instagram si no se conecta con la experiencia de proyectar. El mejor criterio suele surgir de la mezcla: un poco de historia, algo de teoría, bastante observación y, si es posible, libros que den ganas de volver a dibujar.

12 mejores libros de arquitectura que vale la pena leer

1. Los diez libros de arquitectura – Vitruvio

Sí, empezar por Vitruvio puede sonar a castigo de programa académico. Pero sigue siendo una referencia clave porque pone sobre la mesa algo que nunca dejó de importar: la relación entre utilidad, solidez y belleza. Más que leerlo como manual aplicable al pie de la letra, conviene abordarlo como el origen de muchas conversaciones que todavía siguen abiertas.

2. Hacia una arquitectura – Le Corbusier

Pocos libros han influido tanto en la manera de pensar la modernidad arquitectónica. Su energía polemizante sigue intacta. Tiene frases memorables, ideas discutibles y una capacidad rara para convertir la arquitectura en un asunto urgente. Vale tanto por lo que propone como por lo que obliga a cuestionar.

3. Saber ver la arquitectura – Bruno Zevi

Para muchos lectores, este es uno de esos libros que cambian la forma de mirar. Zevi insiste en que la arquitectura no se agota en la fachada ni en la foto perfecta, algo especialmente pertinente en tiempos de consumo visual acelerado. Su énfasis en el espacio interior y la experiencia espacial sigue siendo muy útil.

4. Complejidad y contradicción en la arquitectura – Robert Venturi

Si la ortodoxia moderna te parecía demasiado limpia, Venturi entra a desordenar el tablero. Este libro es fundamental para entender por qué la arquitectura también puede ser ambigua, híbrida y contradictoria sin perder inteligencia. No siempre es una lectura ligera, pero sí una muy fértil.

5. La imagen de la ciudad – Kevin Lynch

Quien diseña edificios sin pensar en cómo se lee la ciudad se pierde una parte esencial del problema. Lynch ofrece herramientas conceptuales clarísimas para entender orientación, memoria urbana y percepción. Es uno de esos libros que sirven tanto para urbanistas como para arquitectos e interioristas interesados en la experiencia del usuario.

6. Delirious New York – Rem Koolhaas

No es un manual ni pretende serlo. Es una lectura brillante, densa y provocadora sobre Manhattan, la cultura metropolitana y las lógicas que producen ciudad. Koolhaas combina historia, ficción crítica y teoría con una voz muy propia. Hay libros que enseñan datos y otros que expanden la imaginación disciplinar. Este pertenece claramente al segundo grupo.

7. Atmósferas – Peter Zumthor

Breve, preciso y muy citado, sí, pero con razón. Zumthor logra poner en palabras algo que muchas veces se intuye y cuesta explicar: cómo la arquitectura afecta emocionalmente a quien la recorre. Material, luz, sonido, temperatura, proporción. Un libro pequeño que deja resonancias largas.

8. Experiencing Architecture – Steen Eiler Rasmussen

Es uno de los grandes libros para aprender a percibir. Rasmussen escribe con claridad sobre ritmo, escala, textura, luz y movimiento, sin encerrarse en un lenguaje inaccesible. Resulta especialmente recomendable para estudiantes, porque ayuda a conectar conceptos abstractos con experiencias concretas del espacio.

9. Arte de proyectar en arquitectura – Ernst Neufert

No suele aparecer en listas aspiracionales, pero sigue siendo una herramienta real de trabajo. El Neufert no reemplaza el criterio ni el diseño, y ese punto hay que subrayarlo, pero sí aporta una base dimensional y programática muy útil. En estudio y en oficina, todavía resuelve más de una duda a contrarreloj.

10. S, M, L, XL – Rem Koolhaas y Bruce Mau

Más que un libro, es casi un objeto editorial de culto. Desbordado, fragmentario y ambicioso, refleja una manera de pensar la arquitectura mezclando ensayo, proyecto, gráfica y cultura contemporánea. No es la opción más cómoda para empezar, pero sí una de las más estimulantes para quien quiere salir del formato tradicional.

11. Los ojos de la piel: La arquitectura y los sentidos – Juhani Pallasmaa

Pallasmaa cuestiona la hegemonía de la visión y recuerda que la arquitectura se vive con todo el cuerpo. Su defensa de lo táctil, lo sensorial y lo atmosférico ha tenido un impacto enorme en la teoría contemporánea. Es un libro especialmente valioso en una época donde muchas obras parecen diseñadas primero para pantalla y después para personas.

12. Arquitectura: forma, espacio y orden – Francis D.K. Ching

Si hubiera que recomendar un punto de partida claro, visual y pedagógico, Ching sigue siendo una apuesta segura. Su capacidad para explicar relaciones espaciales, organización formal y principios compositivos lo convierte en un clásico de aula. No sustituye lecturas más críticas, pero sí construye una base excelente.

Qué tipo de libro necesita cada lector

No todos llegan a esta selección desde el mismo lugar. Un estudiante de primeros semestres probablemente aprovechará más a Ching, Rasmussen o Zevi, porque ofrecen herramientas para entender lo esencial sin pedir demasiados prerrequisitos. En cambio, alguien que ya atraviesa talleres avanzados o práctica profesional quizá encuentre más combustible intelectual en Venturi, Koolhaas o Pallasmaa.

También importa el tipo de relación que se busca con la arquitectura. Si el interés es proyectual, conviene combinar teoría con libros que enseñen a organizar espacio y programa. Si la inquietud es más cultural, urbana o crítica, Lynch, Koolhaas y Le Corbusier abren discusiones que van mucho más allá del edificio aislado. Y si lo que falta es reconectar con la dimensión sensible de la disciplina, Zumthor y Pallasmaa son casi una pausa necesaria.

Los mejores libros de arquitectura no siempre son los más famosos

Hay un pequeño problema con cualquier canon: tiende a repetirse. Los títulos célebres suelen estar ahí por buenas razones, pero eso no significa que deban leerse como dogma. Un libro puede ser influyente y, al mismo tiempo, estar atravesado por ideas de su tiempo que hoy conviene revisar críticamente. De hecho, leer arquitectura bien implica también discutirla.

Por eso vale la pena desconfiar un poco de la lista perfecta. Lo útil no es solo acumular autores inevitables, sino armar una biblioteca que acompañe tu forma de pensar y trabajar. A veces un ensayo breve leído en el momento justo sirve más que un tomo monumental comprado por prestigio. Y a veces un libro técnico, poco glamoroso, termina siendo el más manoseado del estudio.

En una plataforma como COSAS de ARQUITECTOS, donde la arquitectura convive con diseño, cultura visual y vida creativa, esa mezcla tiene bastante sentido. La biblioteca ideal no solo forma profesionales más informados. También forma lectores más curiosos, más atentos y menos conformes con la imagen rápida.

Cómo leer arquitectura sin convertirlo en tarea

Leer sobre arquitectura puede volverse pesado cuando se hace solo por obligación académica o culpa profesional. Una alternativa mejor es leer en capas. Un libro teórico puede convivir con monografías, entrevistas, revistas, cuadernos de croquis o incluso cine documental sobre ciudades y edificios. La disciplina se entiende mejor cuando se conecta con otras formas de mirar.

También ayuda leer con lápiz, marcar dudas y volver sobre ciertos pasajes después de visitar una obra, hacer una maqueta o resolver un proyecto. Muchos de estos libros no se agotan en una primera lectura. Cambian contigo. Lo que a los veinte parecía abstracto, a los treinta puede volverse clarísimo después de enfrentarte a clientes, normativas, presupuestos y decisiones materiales reales.

Una buena biblioteca de arquitectura no se arma para impresionar visitas. Se arma para acompañar una práctica y una sensibilidad. Si estás buscando por dónde empezar, elige uno que te dé herramientas, otro que te incomode un poco y otro que simplemente te recuerde que el espacio, cuando está bien pensado, todavía puede emocionar.

Publicado en: Libros de Arquitectura Etiquetado como: koolhaas, Le Corbusier, libros, libros de arquitectura, lynch, neufert, venturi, vitruvio, zevi, zumthor

La geopolítica y la arquitectura: 5 Obras Maestras Contemporáneas

30/01/2025 Artículo escrito por Arturo Rodríguez del Amo 1 comentario

La geopolítica y la arquitectura han sido primas hermanas desde que el mundo es mundo y, aunque sus caminos no siempre se cruzan, juntas han creado grandes obras maestras. En estos casos, la arquitectura va más allá de modificar y moldear el entorno físico, representando ideales políticos, económicos y sociales. A lo largo de la historia, hemos visto cómo grandes catedrales, castillos y palacios han otorgado poder a familias, comunidades religiosas y gobiernos.

En un artículo publicado en Architect Magazine, Ned Kramer plantea si los arquitectos deben ser responsables de las acciones políticas de sus clientes o países, abriendo una interesante reflexión sobre la responsabilidad individual y colectiva en la arquitectura. Este debate es tan interesante como eterno.

La arquitectura es un baile entre el artista, el técnico y el comercial. 

La única obra de arquitectura que es pura expresión artística y técnica es la casa que se hace el propio arquitecto, como han de mostrado ejemplos icónicos como la Casa de Philip Johnson o la Casa Miller de Richard Neutra.

Alison Wolanski, en su texto «Hacia una comprensión geopolítica de la arquitectura», enfatiza la necesidad de considerar la arquitectura como una cuestión geopolítica, en lugar de una disciplina meramente estética o funcional. También discute la corporativización de la arquitectura y el impacto de eventos políticos como la globalización, la migración y la colonización en las arquitecturas locales.

En un mundo como el actual, absolutamente globalizado, sobre todo a través del imaginario audiovisual, las líneas de diseño de las arquitecturas locales se desdibujan, influyéndose unas a otras constantemente.

La geopolítica y la arquitectura

Pensando en ejemplos de arquitectura y geopolítica en la antigüedad, se me vienen a la mente San Pedro del Vaticano (diseñada por Donato Bramante, Michelangelo, Carlo Maderno y Gian Lorenzo Bernini), la Acrópolis de Atenas (diseñada por Ictinos y Calícrates) o el Palacio de Versailles (diseñado por Louis Le Vau y Jules Hardouin-Mansart). Todas esas obras no solo representan un tiempo concreto, sino una idea política sobre ese tiempo y una determinación de sus promotores por imponer una idea, una forma de gobierno o un estilo de vida. Esto se refleja tanto estéticamente, formando parte de la identidad de una comunidad, como en las mentes de los ciudadanos que las transitaban, creando en ellos sentimientos de pertenencia, incomodidad, magnificencia, poder, etc. Es interesante también cómo este sentimiento no solo corresponde a los habitantes de ese momento histórico, sino cómo aún en la actualidad, estos edificios han formado y formarán parte de la construcción de un imaginario más grande que ellos mismos, de una idea de país, un sentimiento religioso, etc.

Pero, ¿Cuáles son esos ejemplos en la actualidad?

1. Sede de CCTV en Pekín – Rem Koolhaas

geopolítica y la arquitectura

Diseñada como un anillo torcido que desafía la gravedad, esta obra vanguardista simboliza poder, el poder del cambio, el avance de la modernidad y la ambición de China de ser un líder mundial en tecnología y comunicación. Refleja la creciente influencia de China en el panorama global, siendo una de las obras maestras de la arquitectura contemporánea. A través de un concepto de rascacielos revolucionario, Rem Koolhaas rompe las reglas de los edificios de esta tipología construidos hasta la fecha con un gesto simple y efectista, situando esta obra en la cumbre del desconstructivismo del siglo XX.

Una obra que sin duda impone al transeúnte y sitúa a Pekín como una de las ciudades del futuro. El contexto urbano donde se sitúa la obra es absolutamente irrelevante para Koolhaas, ya que intenta expresar un sentimiento de juventud irreverente, de cambio, de ruptura y de avance, como el que el país estaba viviendo a inicios de los años 2000.

2. El Louvre de Abu Dhabi – Jean Nouvel

Este museo combina elementos tradicionales islámicos con el modernismo clásico de Occidente, simbolizando el encuentro de culturas y la alianza cultural entre Francia y los Emiratos Árabes Unidos. Es una obra que refleja la complejidad del diálogo intercultural y la capacidad de ejercer influencia global.

En palabras del propio Jean Nouvel para la revista Architectural Digest:

“Quería crear un símbolo, en diálogo inmediato con una poderosa dimensión espiritual.”

Con una gran y pesada cúpula que parece súper ligera, diseñada con maestría, entras en un microclima perfecto para un país como Emiratos Árabes Unidos, donde la brisa, el agua y la luz filtrada juegan con tus sentimientos y te invitan a disfrutar y descubrir un museo, una cultura, llenándola de misticismo y elevando la espiritualidad como solo los elementos más básicos pueden hacer. Todo un reflejo de la cultura árabe y del imaginario que este país está intentando vender en el mundo, abriendo sus puertas al comercio exterior y situándose como uno de los destinos más solicitados para viajeros de todo el mundo.

geopolítica y la arquitectura

3. Apple Park en Cupertino – Norman Foster

geopolítica y la arquitectura

Situado en California, este edificio circular y de gran escala en relación con su entorno apuesta por un diseño innovador y demuestra el poderío de las empresas de tecnología de esta década. Refleja la filosofía de innovación continua de Apple, con un edificio circular, sin fin, que representa la rueda, considerada la primera innovación del hombre.

Un edificio diseñado gracias a las nuevas tecnologías y para las nuevas tecnologías, donde la sostenibilidad juega un papel fundamental desde su concepción, algo que Apple intenta implementar en la filosofía de su compañía desde hace ya bastantes años. Por lo tanto, no es de extrañar que este sea el edificio de su tiempo de mayor tamaño que funciona con ventilación natural la mayor parte del año, obteniendo la certificación LEED Platino. Norman Foster, uno de los mejores arquitectos de nuestro tiempo, consigue crear un edificio que, sin lugar a dudas, crea en sus trabajadores y visitantes una fascinación inmediata, ganas de descubrir, elegante y lleno de tecnología que representa los valores de la compañía a la perfección.

4. Ciudad de las Artes y las Ciencias – Santiago Calatrava

Uno de los grandes alardes arquitectónicos del último siglo. Un complejo futurista que combina ciencia, arte y naturaleza con formas biomórficas imposibles. Esta propuesta arquitectónica y urbanística refleja un tiempo de esplendor económico, posicionando a Valencia como un destino cultural y científico en el mundo. Una obra compleja y faraónica, hija de su tiempo político, que sin duda se construyó rodeada de una gran polémica.

A lo largo de casi dos kilómetros, este proyecto, realizado por el español Santiago Calatrava, se centra en otorgar a la ciudad de Valencia una nueva visión, un lugar donde se mezclan los colores del Mediterráneo, el blanco y el azul del mar junto con la luz y unas monumentales esculturas modernistas que no dejan indiferente a nadie y le dan un carácter futurista al complejo. El arquitecto concibe su diseño como un proyecto peripatético, es decir, un proyecto indicado para el paseo y el descubrimiento. La idea es siempre evitar el estatismo en todo el complejo, dando todo el protagonismo a la necesidad de descubrimiento del viandante. Un complejo diseño que hace que los edificios siempre estén en constante movimiento, incluso observándolos desde una posición fija, las sombras harán de esta obra arquitectónica una obra dinámica.

Movimiento, avance, modernidad y descubrimiento son la visión que tanto Calatrava como los políticos de su tiempo tenían para Valencia y su Ciudad de las Artes y las Ciencias.

5. Museo Judío de Berlín – Daniel Libeskind

Quizás uno de los edificios que mejor reflejan un concepto es el de sus visitantes. Un zigzag fragmentado que representa la dolorosa historia del pueblo judío en Alemania. Libeskind, de forma maestra, utiliza ángulos agudos y espacios vacíos para simbolizar la ausencia y el sufrimiento, creando un edificio que no deja a nadie indiferente. Un lugar donde la arquitectura ultramoderna pretende transmitir sensaciones e ideas que inviten a la reflexión.

Este edificio es conocido como el Museo Judío de Berlín, una obra de arquitectura que no solo alberga exposiciones, sino que en sí misma cuenta una historia. Cada ángulo y cada vacío están diseñados para hacer sentir al visitante la ausencia y el vacío que dejaron los judíos víctimas del Holocausto. El recorrido dentro del museo está lleno de espacios inesperados y perspectivas rotas, lo que genera en el visitante una constante sensación de desorientación e inquietud, evocando las experiencias traumáticas que el museo conmemora.

Un edificio que habla, que habla de un tiempo y de una historia, para que no sea olvidada.

Un edificio frío, vacío de ornamento, pero lleno de geometría y falta de luz, donde todo transmite desasosiego. Las paredes grises y los pasillos estrechos refuerzan esta sensación de opresión y sufrimiento, permitiendo que la arquitectura misma narre la historia de dolor y resistencia del pueblo judío.

El diseño del edificio incluye una serie de «Void Spaces», o espacios vacíos, que atraviesan toda la estructura. Estos vacíos representan las vidas perdidas y las comunidades destruidas, ofreciendo un espacio para la reflexión y el recuerdo. Libeskind también incorporó una Torre del Holocausto, un espacio oscuro y cerrado que provoca un profundo sentimiento de aislamiento, reforzando el impacto emocional del museo.

Estos ejemplos contemporáneos muestran cómo la arquitectura sigue siendo una herramienta poderosa para expresar y moldear las dinámicas geopolíticas, demostrando que la arquitectura y la geopolítica continuarán siendo aliadas inseparables en la creación de obras maestras.

Esta observación destaca la importancia continua de la arquitectura en reflejar y dar forma a la política y la cultura. Desde los edificios históricos que hemos mencionado hasta las obras modernas, la arquitectura sirve como un testimonio tangible de los ideales y ambiciones de una sociedad. El diseño y la construcción de estos edificios no solo representan avances técnicos y estéticos, sino también movimientos geopolíticos que influencian y son influenciados por el contexto global.

En palabras de Mies Van der Rohe:

“La Arquitectura es la voluntad de una época traducida al espacio”

Y yo nunca lo habría dicho mejor.

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Casetas de perro diseñadas por arquitectos

20/11/2023 Artículo escrito por Luis Sánchez Blasco Deja un comentario

Casetas de perro por arquitectos

Hoy traemos una tira cómica de cómo sería una caseta de perro según algunos de los arquitectos más conocidos como Norman Foster, Le Corbusier, Mies van der Rohe, Antoni Gaudí o Santiago Calatrava. De cada arquitecto vemos una caricatura del estilo y estética de sus proyectos.

Casetas de perro diseñadas por arquitectos

Hace tiempo publicamos otras tiras cómicas similares como las variaciones del proyecto de arquitectura o el proceso de construcción de un columpio.

 

 

 

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Caravana de Star Wars

26/04/2023 Artículo escrito por Luis Sánchez Blasco Deja un comentario

Caravana Star Wars

Las caravanas es un tema que hemos tratado antes en este blog, y Star Wars es un clásico ya.

Si ya decíamos que la ópera de Oporto de Koolhass estaba inspirada en Star Wars, concretamente en una nave recolectora de los Jawas del desierto de Tatooine, esta caravana tengo la duda si se inspiró en Star Wars o en el edificio de Koolhaas.

Por supuesto que combina a la perfección con la barbacoa Tie-Fighter.

Visto en el perfil de twitter de Star Wars España.

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A simple vista | Guiños y lecciones arquitectónicas en vallas publicitarias

15/03/2021 Artículo escrito por Autor Invitado 1 comentario

Vallas-publicitarias-arquitectura-01

Índice

  • Introducción
  • Del soporte, lo soportado y la disposición
  • Belleza elemental
  • Consecuencias: convivencia de dos realidades
  • Sobre la capacidad de disponibilidad
  • Reflexión
  • Una arquitectura
  • Bibliografía
  • Citas

Guiños y lecciones arquitectónicas en vallas publicitarias

Vallas publicitarias y arquitectura

Introducción

Tal vez las vallas publicitarias adviertan sobre la posibilidad del cambio de actitud que considero necesita la arquitectura para poder volver a presentarse, pero esta vez, desnuda y sin los escudos autofabricados.

Pese a estar a mitad de camino y no ser un destino para nadie, las vallas tienen la tarea, por no decir la obligación, de demandar la mayor atención posible. Para conseguirlo, todos sus elementos de composición firman un pacto de lealtad donde se comprometen a lograrlo. Ese pacto implica promesas, renuncias, solidaridad, entre otras cosas que progresivamente se irán desarrollando durante el ensayo. Como si fuera poco, también son capaces de orientarse siempre en el sentido correcto, opinar sobre una proporción que les permita cierta elegancia y total libertad a los publicistas. Los personajes que las proyectan son anónimos. Rechazan el reconocimiento entre colegas, la fama y la divulgación de sus trabajos. Sólo están preocupados por la flexibilidad y no tienen vergüenza en blanquearlo porque aprendieron que una sola obsesión verdadera es más necesaria que muchas. Las vallas publicitarias, además, proponen una determinada escala basada en ciertos datos y referencias y logran algo que la arquitectura muchas veces quiere y no puede: encajar en el contexto (y sin mayores esfuerzos). Todo con una máxima eficacia.

Vallas publicitarias y arquitectura

¿Puede una valla publicitaria poner en duda a la arquitectura?

Vallas publicitarias y arquitectura

¿Pueden los arquitectos pensar como proyectistas de vallas publicitarias y recién a último momento disfrazarse de arquitectos?

Vallas publicitarias y arquitectura

Del soporte, lo soportado y la disposición

“El edificio parecía estar construido con piedra. Sus columnas parecían estar diseñadas para sostener una cubierta. Tenía el aspecto de una especie de templo. A su debido tiempo me enteré de que todas esas impresiones eran ciertas. Era un edificio honrado”. [1]

Hugh Ferris

Vallas publicitarias y arquitectura

Hugh Ferris, famoso delineador y arquitecto estadounidense, acaba de decirnos que lo que lo cautivó del Partenón griego fue entenderlo a simple vista. No es un detalle menor que Ferris ni siquiera había entrado en la escuela de arquitectura y fue capaz de comprender un edificio sin ninguna base académica. En ese sentido ¿cuántos arquitectos demandan un manual para ser entendidos? Artistas, arquitectos o arquitectos artistas… Incluso Mies, el constructor, lejos de querer ser considerado artista y mucho menos arquitecto, en Complejidad y Contradicción en la Arquitectura, es atacado bajo el argumento de que sus obras requieren de explicación para no pasar desapercibidas. Por eso, este primer capítulo que da inicio al ensayo se inspira en las vallas publicitarias para imaginar una arquitectura nudista que exponga sus pretensiones y no requiera explicación para ser valorada. Una arquitectura evidente.

Todo edificio es firme, pero no todos representan la idea de firmeza. El principio vitruviano “firmitas”, cuya traducción literal seria firmeza, hace referencia a la apariencia de la firmeza, es decir a su representación en un edificio. La primera parte de este capítulo se base en ese argumento para indagar brevemente a cerca de la apariencia de la disposición. La disposición como la voluntad de alguien o algo, en este caso la estructura, para realizar una tarea. Porque es sabido que toda estructura está dispuesta a sostener, pero no siempre se nota.

Vallas publicitarias y arquitectura

La estructura de cualquier valla publicitaria en el mundo está muy lejos de caer en la tentación de la expresión o, su caso extremo, ser mera presencia. Por el contrario, sólo está dispuesta a responder a las exigencias que se le demandan, haciendo evidente su voluntad de disposición en una declaración de compromiso, sacrificio y esfuerzo.  De esta manera hace creer necesaria su existencia, lo que le asegura un máximo respeto y una máxima credibilidad. Es así que logra despojarse de cualquier tipo de cuestionamiento que pueda poner en duda su sentido y la debilite. La arquitectura, en cambio, no puede corroborar el sentido de su estructura más allá de la lógica capacidad portante. En otras palabras, la estructura en arquitectura sostiene, pero solamente sostiene, mientras que la estructura de las vallas sostiene a la vez que comunica. Por eso, creo que el problema de la arquitectura es que elige reservar y ocultar aquello que aloja, haciendo que su estructura no de señales de otro propósito además del de sostener: La estructura no tiene justicia.

Vallas publicitarias y arquitectura

Podría decirse que conocer el para qué sostiene es lo que le da sentido y validez: La credibilidad y la evidencia protegen a la obra. ¿Quién se atrevería a criticarla? Con respecto a la crítica, el escritor Dale Carnegie, tiene una visión particularmente interesante:

“La crítica es inútil porque pone a la otra persona en la defensiva, y por lo común hace que trate de justificarse. La crítica es peligrosa porque lastima el orgullo, tan precioso de la persona, hiere su sentido de la importancia y despierta su resentimiento» [2].

En las vallas publicitarias todo está justificado y, por esa razón, sobre ellas no recae ninguna crítica. Por ejemplo, el sentido de la estructura se justifica al conocer su objetivo, en cambio, si su fin se desconociera, seguramente causaría desagrado. Por eso, sus hábiles proyectistas entendieron que todo tiene que ser visible, es decir, los propósitos y medios para alcanzarlos. Porque ese sea, tal vez, el secreto de su éxito: exponer, a la vez que distinguir, el qué (se quiere hacer) del cómo (se debe hacer). Mientras tanto, la arquitectura pareciera incapaz de cometer semejante sincericidio y prefiere refugiarse en el mundo del misterio donde no expone sus intenciones ni los esfuerzos que implican alcanzarlas: rechazo.

Vallas publicitarias y arquitectura

Por otro lado, a ciento ochenta kilómetros por hora se distinguen, sin siquiera intentarlo, dos elementos: Un soporte y algo que es soportado, algo que, en la arquitectura, con paciencia y a cero kilómetros por hora, resulta difícil y lo más preocupante es que pareciera ser un valor. La definición de soporte que hace Oxford es mucho más sugerente que la de la RAE. Para Oxford un soporte es un “medio de difusión capaz de poner en conocimiento del público un mensaje”, o sea que su vocación es mostrar algo: un aviso publicitario, el mensaje. Un soporte, entonces, es un servicio solidario que hace lo que sea por jerarquizar a otra cosa, porque no pretende lucirse, sino que pretende hacer lucir a cualquiera menos a él mismo. Es su entrega y su capacidad de aceptación como actor secundario lo que le asegura éxito y eficacia sobresalientes. No pretende ser otra cosa que no es. El soporte representa el sacrificio. Es altruista. No se preocupa por él, sólo por el otro. Acepta lidiar con el suelo y su barro, con el rocío y el óxido. Admite la improvisación y la negligencia. El soporte jamás fue aplaudido por ser siempre opacado por lo soportado. No duda ni se detiene en cuestiones subjetivas y ambiguas porque sabe que de esa manera jamás lograría el éxito que tiene ignorándolas. Sus constructores ignoran la apariencia del aspecto final: Aceptan lidiar con un contrafrente caótico y abrumador porque su única obsesión es la flexibilidad. Aprendieron a la perfección la lección de Mies de que es necesario ignorar algunas cuestiones y seleccionar aquello que es de personal interés.

“(…) Mies construye edificios bellos sólo porque ignora muchos aspectos de sus edificios. Si resolviese más problemas serían mucho menos potentes» [3].

El soporte acepta convivir con las consecuencias y aquello que es inevitable, capítulo que desarrollo más adelante. No es prejuicioso. El soporte vive en la sombra que le arroja lo soportado, su amo. Es un contrafrente, pero sabe muy bien que de él depende el éxito del frente. Tiene la valentía de renunciar a un papel protagónico rechazando todo tipo de recurso de embellecimiento. Entendió que no es cuestión de merecerlo o no, sino de aceptar roles y transmitirlos. En resumen, el soporte es pura presencia y densidad en favor de una máxima ausencia y libertad: Lo soportado. Esto es el mensaje y quien demanda el mayor foco de atención. Es tanta su demanda e intensidad que es capaz de desviar cualquier mirada dirigida a su esclavo. Lo soportado muta mientras que el soporte permanece, es el acuerdo al que llegaron: para que uno pueda cambiar otro tiene que sacrificarse. Lo soportado no quiere parecerse en nada al soporte. Es el protagonista indiscutible. En él ocurre toda la acción. Es la apuesta más grande. Lo soportado jamás toca el suelo sucio y descuidado. Por lo contrario,se eleva despegándose de la tierra. Como mencioné recién, su vida útil está destinada al cambio, ya es parte de su naturaleza absorber múltiples personalidades en un lapso de tiempo. En él están volcadas todas las expectativas y emociones, las tristezas y las alegrías, los fracasos y los logros. En definitiva, lo soportado es la carta de presentación a un público apurado y sin demasiado tiempo para sentarse a entender.

Vallas publicitarias y arquitectura

Por último, está claro que el soporte, para tener sentido, necesita de lo soportado. Es decir, las vallas publicitarias sólo tienen sentido cuando tienen un ploteo estampado, al igual que los edificios tienen sentido y se justifican cuando están ocupados. Pero ¿qué función desempeñan cuando no están en uso?, ¿de qué sirve un cartel publicitario si no pasan autos por delante?, en el mismo sentido, ¿de qué sirve un museo, un martes a las tres de la madrugada? Aunque, si bien las vallas necesitan del anuncio publicitario para justificar su esencia, creo que el marco de apropiación que proponen es tan amplio que no requieren tanto del ploteo para ser útiles, mientras que los edificios sin ocupar, la gran mayoría, no son útiles.

Vallas publicitarias y arquitectura

Belleza elemental

“Posee la belleza de lo obvio y aparentemente necesario. Su significado emerge directamente» [4]

Lacaton y Vassal

Vallas publicitarias y arquitectura

“Su trabajo ya es hermoso porque revela autenticidad, incluso antes de ser embellecido con sofisticación intelectual. La gente se siente como en casa. Por eso, un embellecimiento ideológico no tiene lugar aquí” [5]

Colby Vexler

Vallas publicitarias y arquitectura

Cualquier intento de incomodarlas desde un pataleo estético es ridículo. No sienten la presión de agradar porque tienen la suficiente seguridad para no hacerse cargo de ningún reclamo. Para sus proyectistas, la estética nunca fue un problema y sería una pérdida de tiempo porque entienden perfectamente las prioridades y la importancia de transmitirlas. Una liviana biblioteca, pero de libros, les alcanzó para entender que una posible belleza radica en la composición elemental: Todos los elementos de composición son aparentemente necesarios. Es decir, no lo sabemos porque no somos calculistas para comprobarlo, pero parecieran ser estrictamente elementales, por lo tanto, el truco siempre resulta exitoso: todo será aceptado.

Vallas publicitarias y arquitectura

Sus proyectistas son funcionalistas, solamente están ocupados por los problemas de la función, son incapaces de sumar responsabilidades. Dice Álvaro Siza:

“Una de las bases de un proyecto son los problemas funcionales. Excepto, si consideramos que la forma, los espacios, la atmósfera de un edificio no sean funciones”. [6]

Cree, al igual que Koolhaas, que la arquitectura para ser “arquitectura con A mayúscula” [7] debe encontrar libertades. Allí, es donde verdaderamente suelta sus alas y puede desarrollarse en otras direcciones y sentidos. Los constructores de vallas publicitarias no tienen esta habilidad (ni siquiera la posibilidad) con la que cuentan algunos arquitectos para entrar al campo de las libertades y licencias proyectuales, por eso las vallas publicitarias no son arquitectura y son, más bien, estructuras. En este momento, resulta oportuno traer el concepto de Koolhaas de “poder e impotencia” para ampliar la visión. En un reportaje titulado “Finding Freedoms” que realizó Alejandro Zaera Polo, para la revista El Croquis, Rem Koolhaas comenta lo siguiente:

“ Lo que casi nadie comprende de la arquitectura es que esta es una mezcla paradójica de poder e impotencia. Por eso, resulta tan importante diferenciar entre las motivaciones que nos vienen impuestas desde el exterior y las nuestras propias” [8].

Podría decirse que en el mundo de la construcción de vallas publicitarias ambas motivaciones, es decir, las externas y las propias, coinciden, o sea que las motivaciones de quienes las proyectan son las mismas de quienes las encargan; el resultado no puede ser otra cosa que un éxito. Eso sí, no hay exploración, no hay riesgo, no hay caligrafía, no hay huecos, sólo contundencia. Pero si bien sus constructores no pueden experimentar libertades, sus obras sí. Porque inconscientemente se liberan de ataques o cuestionamientos y porque en torno a ellas pueden producirse numerosos acontecimientos ajenos a su propia especificidad, en otras palabras, ofrecen más que su función. Tal vez, la tipología arquitectónica que más se acerque, desde una actitud proyectual, sea la estación de servicio. Allí, al igual que en las vallas publicitarias, el edifico no impone ningún código de adecuación para que lo dejen ser aquello que quiere ser, o diría Venturi: “aquello que el arquitecto quiere que la cosa sea” [9], ya que, si solamente permitiera recargar combustible y rechazara cualquier otro uso bajo su manto, no habría tanta distancia con un shopping, solamente su escala. El “Condensador Social” del estudio Muoto, en Francia, es otro claro ejemplo. Ellos explican que las personas se identifican con un edificio al que pueden decidir desde afuera si entrar, ver qué pasa adentro sin pasar por una puerta de acceso, un edificio que los protege de la lluvia, del frio y del calor. Este tipo de edificios que defiende Muoto, son en el fondo, estaciones de servicio donde, al igual que en las vallas publicitarias, su “(…) falta de contenido simbólico permite comportamientos nuevos y más libres (…)”[10], de esta manera el edifico trasciende lo visual-formal para insertarse en lo afectivo: Un acercamiento sin timidez.

Vallas publicitarias y arquitectura

Al igual que pasa en las vallas publicitarias, creo que la arquitectura no debería dar espacio a interrogatorios subjetivos, como puede ser la belleza. Las vallas son el ejemplo más claro de que se puede ser fotogénico sin aspirar a serlo y que, cuando el objetivo o la motivación es clara y se expone y se comparte, la belleza pierde espacio. Comparto la visión de la fotógrafa Erica Overmeer de que “cuando algo está bien y es verdadero siempre va a ser bello”[11]. Por eso, creo que la arquitectura debería ser, desde una actitud proyectual, igual a las vallas publicitarias, donde no se percibe un gran esfuerzo por alcanzar cierta belleza ni una actitud esclava de convenciones estéticas, porque sus proyectistas descubrieron que el sincericidio es una estrategia de libertad.

Vallas publicitarias y arquitectura

Para finalizar este capítulo, no me gustaría pasar por alto que las estructuras de carteles publicitarios, a diferencia de la arquitectura, son uni-funcionales. No pueden fallar porque de esa función depende, únicamente, su éxito. Tienen una sola preocupación, algo que parecería imposible para los arquitectos hábiles para ejecutar múltiples programas complejos. Pero a pesar de su pobre y escaso programa, las vallas son objetos con una enorme personalidad ya que por naturaleza no pretenden ser bellos, pero sí llamativos, cargando con orgullo un gran cartel en la frente.

Y los arquitectos, ¿saben cuál debe ser su cartel?.

Vallas publicitarias y arquitectura

Consecuencias: convivencia de dos realidades

“Las características de una parte podrán comprometerse en favor del conjunto» [12].

Louis Kahn

Vallas publicitarias y arquitectura

“La arquitectura debe tener tanto espacios buenos como malos» [13]

Louis Kahn

Observando las vallas podría decirse que todo deseo tiene una consecuencia. Las vallas publicitarias deciden convivir con la realidad deseada y su consecuencia, la realidad que la cumple. Sus proyectistas se ahorran los esfuerzos por el ocultamiento y el camuflaje, prefiriendo exponer y evidenciar, aceptando que en sus proyectos existen, inevitablemente, dos mundos opuestos.

Vallas publicitarias y arquitectura

Precisamente una consecuencia es un “Hecho o acontecimiento que se sigue o resulta de otro”. En las vallas quien manda es el deseo, siendo el resto el resultado de sus exigencias.  En otras palabras, lo único que importa es que quede totalmente libre y a cierta altura el plano de ploteo y para lograrlo todo lo que sea inevitable o necesario es bienvenido. Esa libertad y falta de prejuicio, a mi parecer, merece el mayor de los respetos de cualquier arquitecto. Porque se ahorran los problemas personales al no interceder con sus juicios de autor ya que admitieron que no hay autor, sólo una prioridad y nada puede interponerse en su pureza. Los proyectistas de vallas publicitarias parecieran tratar con el mismo cuidado al plano destinado al anuncio como Mies a sus plantas: “Mies no permite que nada se introduzca en la regularidad de su orden del punto, línea y plano”. [14] Pero Mies era demasiado sobreprotector porque antes de lo que necesitaba el edificio estaba lo que necesita Mies. Para Venturi, Mies excluye, mientras que los proyectistas de vallas publicitarias prefieren incluir todo aquello que demanden las vallas, dejando de lado sus opiniones: No hay quien cuide a la obra.

Vallas publicitarias y arquitectura

Como menciona la cita que da inicio al capítulo, Kahn dijo que los espacios malos también deben formar parte de la experiencia arquitectónica, y así lo entienden los proyectistas de vallas publicitarias que, en vez de ocultarlos o camuflarlos, los exponen con soberbia y seguridad porque saben que es la única manera de lograr su objetivo. Un objetivo que se pone a prueba y se desnuda completamente. Ese es el mayor riesgo con el que cuentan sus constructores, ya que no pueden refugiarse en la subjetividad o en la doble lectura porque desconocen de filosofía, de fenomenología y otros escudos. Dicho esto, me pregunto si los arquitectos tienen la valentía de los proyectistas de vallas publicitarias, de someter sus objetivos y desnudar con orgullo las partes que se sacrifican en favor de otras ¿se animan los arquitectos a atenerse a las consecuencias o prefieren aparentar un control total escondiendo lo que supuestamente no es digno de ver?  Me pregunto si no estamos rodeados por demás de arquitectura controlada. “En breve estas contradicciones deben ser aceptadas» [15] sentencia Robert Venturi. Yo diría, en breve estas consecuencias deben ser aceptas.

Vallas publicitarias y arquitectura

Para el estudio francés Bruther, los edificios son una “consecuencia formal y estética» [16] de una prioridad fijada por los arquitectos. Como se demostró, las vallas publicitarias, tanto el reverso y el frente reflejan perfectamente la noción de consecuencia. Por detrás está el caos para que por delante esté la libertad. Para que uno pueda darse, también tiene que darse el otro. Ese contraste entre lo caótico-comprometido que luego justifica el plano libre-disponible me resulta particularmente interesante y pienso que le debería resultar envidiable a la arquitectura. De hecho, Kahn: “(…) Cuando dos cosas son diferentes no pretendo hacer una mezcla homogénea. Quiero destacar la diferencia» [17]. Es interesante abstraer esta lección específicamente arquitectónica y entender que es precisamente la actitud natural de cualquier proyectista de vallas publicitarias en el mundo, simplemente es aceptar la sana convivencia de las partes que son diferentes sin querer camuflarlas, sino distinguirlas. El edifico en Saint Blaise, de Bruther, es un proyecto que, dicho por sus propios autores, acepta las consecuencias (caos e irregularidad estructural) en favor de una máxima libertad espacial. El nivel de libertad y flexibilidad alcanzados en el edificio sólo pudo ser logrado al fijar un objetivo claro desde el principio, donde todo lo demás, y sobre todo la estructura, se compromete y se dispone a alcanzarlo. En el momento que se fija el objetivo principal, el proyecto logra liberase de cualquier ataque ideológico. En este proyecto, la estructura, como mencioné, es una consecuencia de la búsqueda del mayor grado de libertad espacial, sólo por eso acepta su orden caótico, pero está tan comprometida con su objetivo que no le importa. Para clarificar aún más el concepto se puede ver un caso antagónico, como el “Teatro Bio Bio” de Radic, allí la estructura no representa la idea de consecuencia, dado que no surge de una ambición que persigue el interior, sino por una ambición del arquitecto.

Vallas publicitarias y arquitectura

Los constructores de vallas publicitarias parecieran comprar las revistas de Bruther:

“La manera en que se usa el espacio es lo que nos preocupa: cómo crear las condiciones para un uso sin restricciones, cómo crear una libertad de ocupación y de distribución”. [18]

Por último, otro ejemplo claro donde las consecuencias de un sistema son aceptadas y reconocidas, se da en la ingeniería de puentes. Para Venturi, estos reflejan a la perfección el contraste entre el caos, que mencioné anteriormente, y la pureza del plano. Ese plano asfáltico es, para los proyectistas de vallas publicitarias, el plano de ploteo y para los arquitectos, el piso.

Sobre la capacidad de disponibilidad

“La planta es de primordial importancia, porque es en el suelo donde se realizan todas las actividades de los ocupantes humanos”.

Raymond Hood.

Los edificios por naturaleza tienen una enorme capacidad de disponibilidad, es decir, ofrecen superfice y volumen, pero sobre todo, piso disponible, para que puedan desarrollarse múltiples actividades sin interferencia y con total libertad. La apoteosis de la disponibilidad es durante la etapa de construcción. Pero ese estado tan sugerente desaparece, por lo menos para la ciudad y quienes la tranistan, cuando se terminan los edificios.

El estado al que me refiero permite construir con la imaginación algo que puede suceder. En su texto sobre las ruinas, Georg Simmel escribe:

“La ruina surge efecto a raíz de sus restos, dependiendo de lo que la imaginación sea capaz de construir» [19].

La ruina aparece como lo incompleto e inconcluso, en puro estado de indefención. El estudio francés Muoto, denominaría a este estado como “State of Becoming» [20]. Un estado de ruina que está por convertirse en algo, pero que se encuentra en pausa. Una interrupción que permite que se asomen posibles realidades: la capacidad de disponibilidad en estado puro. Pero como mencioné recien esa sana empatía que tienen los edficios con la ciudad en la fase constructiva desaparece por completo cuando se cierran para volverse objetos herméticos sin señales de vida. En ese sentido,

¿Puede la arquitectrua acostumbrarse a conservar y convivir con el estado de disponibilidad?

Vallas publicitarias y arquitectura

A pesar del uso cotidiano de la palabra, no deja de ser interesante recurrir a su etimología para tener mayor precisición y dominio sobre el término. La RAE arroja tres posibles definiciones sobre este adjetivo:

  1. «Dicho de una cosa: Que se puede disponer libremente de ella o que está lista para usarse o utilizarse”
  2. “Dicho de un militar o de un funcionario en servicio activo: Que está sin destino, pero puede ser destinado inmediatamente”
  3. “Dicho de una persona: Libre de impedimento para prestar servicios a alguien»

A partir de las tres definiciones anteriores, ¿acaso no cobran un gran atractivo dos caballetes a la espera de ser usados? ¿qué más sugerente que una estantería ociosa, donde entra todo pero no hay nada?.

Tal vez se confió demasiado en el vidrio como un espesor elegante capaz de revelar las actividades que sucedían dentro de los edificios junto a todo su potencial. Pero difícilmente el vidrio pueda traducirle a la ciudad la capacidad de disponibilidad inherente de los edificios. Con el vidrio no alcanza porque quizás no sea tan transparente como se cree o se prefiere creer.

“El cristal, además, es un material engañoso (como la propia modernidad)… parece transparente, pero el cristal puede ser el más opaco de los materiales, según qué lado esté más o menos iluminado y de qué lado esté uno. Porque en el cristal nos vemos reflejados y nos creemos dentro, cuando, en realidad, estamos fuera, expulsados del paraíso, sin refugio posible”.[21]

Parece haber una excesiva confianza en el vidrio y creo que habría que tener cuidado, porque como advierte Octavio Mestre, su uso puede volverse contraproducente.

¿Sigue siendo el vidrio, entonces, una manera de informar acerca de la disponibilidad de los edificios?

A diferencia de las vallas publicitarias, la arquitectura engaña y oculta. La lobotomía a la que alude Koolhaas en Delirio de Nueva York, es la máxima muestra de engaño porque la fachada no representa fielmente las actividades que ocurren por detrás. El público es engañado por la arquitectura a la vez que es excluido del universo de actividades internas que se reservan sólo para quienes deciden ingresar.

“De este modo le ahorra al mundo exterior el tormento de los cambios continuos que hacen estragos en su interior; es decir, esconde la vida cotidiana” [22]

Es cierto que surge por la compleja escala de usos que ocurren dentro de un mismo edificio, el rascacielos precisamente, ¿pero no es acaso la arquitectura que nos rodea la misma que no informa sobre sus múltiples capacidades? Entonces, el problema de la fachada, se convierte en problema, es decir ¿Cómo componer una fachada deshonesta que no represente fielmente los usos que suceden por detrás? Por eso, mi envidia hacia los proyectistas de vallas publicitarias y su capacidad para exponer con orgullo la brutal honestidad de sus obras. Una honestidad que nada tiene que ver con el discurso de los materiales honestos ni el brutalismo. Es la honestidad real la que envidio: Cuando están en uso se nota, cuando están desuso también se nota.

“No program, no function” sueña Alexandre Theriot. Porque antes que todo, disponibilidad.

Vallas publicitarias y arquitectura

Reflexión

Desde que leí en la revista El Croquis, a un arquitecto al cual no recuerdo, decir que ningún fotógrafo supo representar fielmente las ideas de uno de sus proyectos, me relajé y me preocupé al mismo tiempo. Me alivió pensar que también los grandes arquitectos contemporáneos pueden fallar. Me preocupé por los fotógrafos, pero al leer la memoria del proyecto los entendí. Tampoco recuerdo el edificio, pero todas las fotos se enfocaban en la supuesta poesía de una luz que bañaba suavemente un supuesto pulcro interior, cuando en realidad, el arquitecto nunca trabajó en eso y jamás fue el tema del proyecto. Pero, sin embargo, para el público sí. El foco de atención pensado fue opacado por una luz poética nunca planeada. Textualmente, o muy similar, recuerdo: Es un proyecto que está mal fotografiado. Un año después, escuché decir a Koolhaas exactamente lo mismo, sobre el CCTV (su edifico en China) pero de una forma mucho más provocativa y tratando a algunos fotógrafos de arquitectura como: “Un grupo de gente mentalmente muy limitada”[23].

Tal vez, una arquitectura concebida como una valla publicitaria, pueda corregir no sólo los focos de las cámaras, sino las expectativas de la arquitectura.

El del principio era Steven Holl.

Una arquitectura

Que resalte lo soportado, al piso como plano de acción por excelencia y no simplemente un piso. Que no le tema a lo banal. Que no apueste a la sospecha. Que sea precisa y directa con sus intenciones. Que logre despojarse de ataques subjetivos. Que exponga los lados malos y buenos.  Del contraste. Que se anime a fijar prioridades. Discriminadora. Soberbia y segura de sus decisiones. Que exprese cómo y para qué se sostiene.

Una arquitectura que equilibre practicidad y sensibilidad.

Bibliografía

  • (Muoto), G. D. (2020). Superonda talk – Muoto.
  • Bruther. (2015). 27. PLOT N°27, 37.
  • Carnagie, D. (1936). Cómo ganar amigos e influir sobre las personas.
  • Delalex, G. (2018). Porto Academy Summer School 2018 :: Muoto.
  • Kahn, L. (1973). Conversations with architects. (J. W. Cook, Entrevistador)
  • Koolhaas, R. (1978). Delirious New York.
  • Koolhaas, R. (1992). El Croquis. (A. Z. Polo, Entrevistador) El Croquis .
  • Koolhaas, R. (2010). «On OMA’s Work».
  • Lacaton&Vassal. (2012). N°60 Lacaton & Vassal Obra reciente. 2G.
  • Mestre, O. (2017). Mies Van Der Rohe 61/62. 1:100.
  • Muoto. (2020). Superonda talk – Muoto. (E. EAST lab, Entrevistador)
  • Overmeer, E. (2020). Mies van der Rohe Award 2019 Finalist – Lobe Block, Berlin – Brandlhuber + Emde, Burlon/ Muck Petzet.
  • Petzet, M. (2020). Mies van der Rohe Award 2019 Finalist – Lobe Block, Berlin – Brandlhuber + Emde, Burlon/ Muck Petzet.
  • Rojas, J. A. (2017). De la neutralidad. PLOT 35, 29.
  • Rudolph, P. (1961). Perspecta 7. The Yale Architectural Journal, 51.
  • Simmel, G. (1934). Cultura feminista y otros ensayos, Revista de occidente. Madrid, España.
  • Siza, Á. (2001). La Facultad de Arquitectura de la Universidad de Porto (Alvaro Siza)- Arquitecturas (2001).
  • Vassal, J. P. (2017). Ecole Nationale Supérieure d’Architecture de Nantes | Lacaton Vassal.
  • Venturi, R. (1966). Complejidad y contradicción en la arquitectura. (G. Gili, Ed.) GG.
  • Vexler, C. (2020). Instagram .

Citas

  • [1] (Koolhaas, Delirious New York, 1978)
  • [2] (Carnagie, 1936)
  • [3] (Rudolph, 1961)
  • [4] (Lacaton&Vassal, 2012)
  • [5] (Vexler, 2020)
  • [6] (Siza, 2001)
  • [7] (Siza, 2001)
  • [8] (Koolhaas, El Croquis, 1992)
  • [9] (Venturi, 1966, pág. 21)
  • [10] (Rojas, 2017)
  • [11] (Overmeer, 2020)
  • [12] (Venturi, 1966)
  • [13] (Venturi, 1966)
  • [14] (Venturi, 1966)
  • [15] (Venturi, 1966)
  • [16] (Bruther, 2015)
  • [17] (Kahn, 1973)
  • [18] (Bruther, 2015)
  • [19] (Simmel, 1934)
  • [20] (Muoto, 2020)
  • [21] (Mestre, 2017)
  • [22] (Koolhaas, Delirious New York, 1978)
  • [23] (Koolhaas, «On OMA’s Work», 2010)

Sobre el Autor: Jerónimo Cassaglia

Estudiante del último año de arquitectura en la universidad de Buenos Aires, FADU (UBA). Como futuro arquitecto considero que con el lenguaje constructivo no alcanza, por lo cual, resulta necesario e indispensable el dominio de las palabras. Una obsesión personal me llevó a estudiar las vallas publicitarias en relación a la arquitectura, encontrado en el camino, un cambio de actitud posible que puede reposicionar a la arquitectura, y a los arquitectos.

Publicado en: Arte y Arquitectura Etiquetado como: holl, koolhaas, lacaton et vassal, Mies van der Rohe, publicidad, siza, vallas publicitarias, venturi, zaera

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  • Mas información: https://oma.eu/projects/hanwha-galleria-in-gwanggyo
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