«Temperamento de relojero suizo y, al mismo tiempo, pintor abstracto; maníaco de codificaciones y propagandista de extraordinaria versatilidad; defensor categórico de esquemas, ansioso de destacar, más que por la excelencia de los resultados poéticos, por la genial claridad metodológica; huraño, egocéntrico, sarcástico y lírico, sensible a los temas sociales no tanto por una auténtica participación, como por la exigencia de encerrar los comportamientos humanos dentro de unos sistemas algebraicos. En resumen: abstractismo figurativo, abstractismo técnico, abstractismo sociológico fusionados gracias a una prodigiosa capacidad de intervención. Este es Le Corbusier, hombre, arquitecto y tratadista.»
Bruno Zevi
Saber ver la arquitectura

