
© Banco de España
El proyecto original del Banco de España (1882-1891) no ocupaba la magna manzana que ocupa hoy día. Hubo sucesivas ampliaciones. Una de ellas es la que nos atañe. Para hacerla se adquirieron en 1923 las casas del Chantre, propiedad del conde de Santamarca, un magnífico palacio ubicado en la calle de Alcalá.
La ampliación del Banco de España (1930-34)
En 1927 se encarga a José Yarnoz Larrosa un proyecto de ampliación del edificio sobre estos solares. El arquitecto presenta ese mismo año un anteproyecto que fue aprobado por el Consejo General del Banco en torno a un nuevo patio de operaciones, con un lenguaje interior plenamente art decó que entonces se conocía como “estilo moderno”. Se aprovechó para abrir otra entrada, que sería la oficial, en Alcalá 48, con un vestíbulo que incluye vidrieras seriales también en un impecable art decó, estilo, repito, vanguardista del momento.
La ampliación se inició en 1930 y se concluyó en 1934 aunque la bellísima vidriera sobre el nuevo patio se concluyera en 1932 (de ese mismo año se conserva el presupuesto). José Yarnoz Larrosa sigue desarrollando en fachada el diseño primigenio de Eduardo Adaro, así como la idea del apabullante poderío económico del Estado, garantía de solidez (no tenías más que mirar alrededor) pero por dentro hace concesiones y sigue las tendencias decorativas de la época en un irreprochable art decó, tan monumental como el resto del edificio.

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Las vidrieras art decó de la ampliación del Banco de España
Las vidrieras que decoran el flamante Patio de Operaciones, que sustituye al antiguo de forja (actual biblioteca), obedecen a diseños de aire constructivista de Alberto Martorell, que trabaja para la casa Maumejean (y, como es costumbre en la casa, no firma).
Maumejean, con talleres en Madrid y San Sebastián, es autora de otras numerosas vidrieras en diferentes estilos en el primer tercio del S. XX, y para ella realiza Martorell sus geométricos diseños, simplificados aun tratando temas clásicos, en fiero contraste con los contornos curvos, apolíneos, muy Belle Epoque, de las figuras previas de la alemana casa Mayer, más académicas y convencionales, meramente ornamentales.

No tienen sin embargo la ambición formal ni la contundente presencia de la vidriera que corona el nuevo Patio de Operaciones que, en sus motivos, sin embargo, da continuidad al programa iconográfico iniciado por Mayer. En esta línea aparecen representadas diversas alegorías (el Comercio, la Industria, diversas actividades económicas y la Abundancia…). Son pilares fundamentales del mensaje que se quiere transmitir, básicamente enaltecer el trabajo y exaltar el progreso, que producía riqueza y traía modernidad, a manera de exorcismo contra la crisis económica de 1929 cuya resaca estaba golpeando duro en todo el mundo. La temática de la claraboya es pues una afirmación de los valores del progreso, muy cuestionado entonces.

Esta idea se completa con las dos vidrieras dedicadas a la agricultura y la industria que se sitúan en los ventanales de la escalera de acceso al nuevo Patio de Operaciones. Con figuras de porte clásico muy esquematizadas, sirven de preámbulo a las que te vas a encontrar luego en la vidriera que cubre el inmenso Patio de Operaciones, a modo de claraboya cenital, realizada en vidrio y hierro (la armazón) dos de los materiales que definen no solo la arquitectura que aparece y evoluciona desde el s XIX, también los espacios centrales o halls de los bancos. Con esta vidriera, su armonía entre la técnica y la estética de sus dos materiales protagonistas, por otra parte, se refuerza el carácter industrial del edificio.

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La vidriera cenital es figurativa, centrada por un gran escudo de España flanqueado por sendas cariátides arrodilladas que sustituyen a las columnas de Plus Ultra. Para permitir la entrada de luz natural, combina vidrios incoloros con otros de color con diferentes texturas, alternando espacios traslúcidos que permiten pasar la luz con otros impresos representando diversos motivos y figuras, entre ellas las alegorías del Comercio -simbolizado por un dios Mercurio clásico pero vigoroso y estilizado, como era típico en el art decó, con sus atributos clásicos, el casco y las sandalias con alas y el caduceo-, y Vulcano, como alegoría de la Industria que, además del típico martillo, tiene detrás una rueda de engranaje propia de la fábricas modernas. Frente a ellas, aparecen también la Pesca y la Agricultura.
En el centro de uno de los faldones se representa la Abundancia escoltada por una escena de vendimia y otra de leñadores, protagonizadas por robustos y rudos tipos. Algunas de estas escenas beben del costumbrismo vasco pero con el tono heroico y hercúleo de las figuras, la introducción de elementos modernos y la simplificación formal del paisaje. Todo tiene un tono poscubista, de volúmenes escultóricos, con unos perfiles muy Tamara de Lempicka.

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A los pies de la figura se halla la firma del taller autor de la vidriera, Maumejean, de cuyo consejo de Administración Yarnoz era presidente, cerrando así el círculo. Esta figura hace pareja con la otra Abundancia que se halla enfrente (y que también se reconoce porque porta un cuerno de la ídem), flanqueada por sendos cestos rebosantes de naranjas en esa especie de retablo geométrico y escenas que representan La recolección de frutas y El amarre de los barcos de pesca en el puerto (que, como se ha dicho, recuerdan al costumbrismo vasco pero con un tratamiento moderno) . Estos temas decorativos se distribuyen según un esquema simétrico y regular. En las esquinas, vemos representadas también las alegorías de la Minería, la Siderurgia, el Pastoreo y el Transporte Agrícola, reducidos sus colores a una gama de blancos, negros y grises.
El reloj de la ampliación del Banco de España

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Otro elemento significativo de este nuevo Patio de Operaciones es el reloj monumental, con un diseño típicamente decó, en el mismo eje del escudo de la claraboya y que centra este conjunto a ras de suelo. Levantado cerca de 1934, a sugerencia de Yarnoz, está realizado en diversos materiales, algunos tan nobles como el bronce y el mármol, otros tan prosaicos como la madera y la arcilla.
Se trata de una gran pieza, a modo de tótem, compuesta por una pilastra fabricada en mármol tallado que simula acanaladuras, cerrada en las esquinas con cristal, a modo de reflectores de luz, para iluminarla desde dentro y también el hall, de forma indirecta. En su parte alta luce un reloj con cuatro caras que permite ver la hora desde todos los ángulos posibles del recinto abierto al público y en las galerías de los pisos superiores que rodean el hall. El esqueleto de esta columna de perfil cuadrangular está formado por un sencillo entramado de hierro y ladrillo, revestido de mármol. El interior está hueco y no solo alberga la maquinaria del impresionante reloj, sino también sistemas de calefacción y refrigeración, rodeado de mesas de escritorio en sus cuatro brazos que terminan en sus extremos por rejas de bronce. Su altura es de casi siete metros.

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En suma, la ampliación en los años 30 del Banco de España, además de monumental y dominada por un espíritu de rabiosa modernidad en su estilo que hoy conocemos como art decó, es todo un alarde de artes aplicadas: desde los tiradores de las puertas, las barandillas, otros elementos ornamentales como los jarrones, las bellísimas vidrieras, el majestuoso reloj central… Es un diseño integral, un conjunto elaborado en todos sus detalles con maestría.
Sobre el autor:
David Pallol Font (madrileño a pesar de sus apellidos) es autor de Madrid Art Decó (que surgió del blog del mismo nombre) y de Construyendo Imperio, editados por La Librería.





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