
BAT Bilbao Architecture, han diseñado en Galdakao la vivienda IB sobre una parcela de marcada pendiente, la arquitectura se posa con precisión en el punto más alto del terreno. Desde ahí, dos viviendas de madera se abren al valle, estableciendo una relación directa con la luz, la topografía y el horizonte. El proyecto no busca protagonismo, sino equilibrio: una intervención que se construye desde la contención, donde el espacio vacío y la luz adquieren un papel central.

La propuesta desarrolla una vivienda de 910 m² organizada en dos piezas en “L”. Esta geometría no solo ordena el programa, sino que configura el lugar: delimita patios, abre visuales y articula la transición entre interior y exterior. La implantación en la cota superior libera el resto de la parcela, que desciende mediante plataformas ajardinadas donde se integran las zonas de estancia y las piscinas, extendiendo el uso doméstico hacia el paisaje. El espacio interior se activa a través de dos grandes vacíos longitudinales que atraviesan los volúmenes. Estas aperturas generan dobles y triples alturas, introducen la luz en profundidad y establecen conexiones visuales constantes entre niveles. Más que elementos formales, funcionan como dispositivos espaciales que diluyen los límites y construyen una experiencia continua.

La estructura de madera contralaminada (CLT) define el carácter del proyecto. Visible y sin revestimientos, actúa simultáneamente como sistema constructivo y lenguaje arquitectónico. Su presencia constante aporta unidad y calidez, especialmente en los espacios de circulación vertical, donde se convierte en el eje vertebrador. La luz cenital, filtrada y cambiante, recorre las superficies de madera y transforma la percepción del espacio a lo largo del día.

Vivienda IB del estudio de arquitectura BAT Bilbao Architecture
La materialidad responde a una lógica tanto técnica como ambiental. El uso de CLT permite reducir la huella de carbono, optimizar los tiempos de ejecución y mejorar el comportamiento energético del edificio. En el exterior, el revestimiento de alerce tratado con la técnica Yakisugi incorpora una protección natural frente al fuego y la humedad, al tiempo que dota al conjunto de una identidad sobria y contemporánea.
La volumetría se fragmenta en cuatro cuerpos de cubierta inclinada que envuelven un volumen central de cubierta plana. Este juego de piezas genera una silueta cambiante, en diálogo con la pendiente del terreno y la escala del entorno.

La arquitectura se percibe así en movimiento, como una secuencia de espacios donde la luz, la materia y la geometría construyen una experiencia sensible. Más que un objeto construido, el proyecto plantea una forma de habitar vinculada al lugar: abierta al paisaje, atenta a la luz y definida por la honestidad de sus materiales.
Fotografías: https://bat.archi/es/


































