La geopolítica y la arquitectura han sido primas hermanas desde que el mundo es mundo y, aunque sus caminos no siempre se cruzan, juntas han creado grandes obras maestras. En estos casos, la arquitectura va más allá de modificar y moldear el entorno físico, representando ideales políticos, económicos y sociales. A lo largo de la historia, hemos visto cómo grandes catedrales, castillos y palacios han otorgado poder a familias, comunidades religiosas y gobiernos.
En un artículo publicado en Architect Magazine, Ned Kramer plantea si los arquitectos deben ser responsables de las acciones políticas de sus clientes o países, abriendo una interesante reflexión sobre la responsabilidad individual y colectiva en la arquitectura. Este debate es tan interesante como eterno.
La arquitectura es un baile entre el artista, el técnico y el comercial.
La única obra de arquitectura que es pura expresión artística y técnica es la casa que se hace el propio arquitecto, como han de mostrado ejemplos icónicos como la Casa de Philip Johnson o la Casa Miller de Richard Neutra.

Alison Wolanski, en su texto «Hacia una comprensión geopolítica de la arquitectura», enfatiza la necesidad de considerar la arquitectura como una cuestión geopolítica, en lugar de una disciplina meramente estética o funcional. También discute la corporativización de la arquitectura y el impacto de eventos políticos como la globalización, la migración y la colonización en las arquitecturas locales.
En un mundo como el actual, absolutamente globalizado, sobre todo a través del imaginario audiovisual, las líneas de diseño de las arquitecturas locales se desdibujan, influyéndose unas a otras constantemente.
La geopolítica y la arquitectura
Pensando en ejemplos de arquitectura y geopolítica en la antigüedad, se me vienen a la mente San Pedro del Vaticano (diseñada por Donato Bramante, Michelangelo, Carlo Maderno y Gian Lorenzo Bernini), la Acrópolis de Atenas (diseñada por Ictinos y Calícrates) o el Palacio de Versailles (diseñado por Louis Le Vau y Jules Hardouin-Mansart). Todas esas obras no solo representan un tiempo concreto, sino una idea política sobre ese tiempo y una determinación de sus promotores por imponer una idea, una forma de gobierno o un estilo de vida. Esto se refleja tanto estéticamente, formando parte de la identidad de una comunidad, como en las mentes de los ciudadanos que las transitaban, creando en ellos sentimientos de pertenencia, incomodidad, magnificencia, poder, etc. Es interesante también cómo este sentimiento no solo corresponde a los habitantes de ese momento histórico, sino cómo aún en la actualidad, estos edificios han formado y formarán parte de la construcción de un imaginario más grande que ellos mismos, de una idea de país, un sentimiento religioso, etc.

Pero, ¿Cuáles son esos ejemplos en la actualidad?
1. Sede de CCTV en Pekín – Rem Koolhaas

Diseñada como un anillo torcido que desafía la gravedad, esta obra vanguardista simboliza poder, el poder del cambio, el avance de la modernidad y la ambición de China de ser un líder mundial en tecnología y comunicación. Refleja la creciente influencia de China en el panorama global, siendo una de las obras maestras de la arquitectura contemporánea. A través de un concepto de rascacielos revolucionario, Rem Koolhaas rompe las reglas de los edificios de esta tipología construidos hasta la fecha con un gesto simple y efectista, situando esta obra en la cumbre del desconstructivismo del siglo XX.
Una obra que sin duda impone al transeúnte y sitúa a Pekín como una de las ciudades del futuro. El contexto urbano donde se sitúa la obra es absolutamente irrelevante para Koolhaas, ya que intenta expresar un sentimiento de juventud irreverente, de cambio, de ruptura y de avance, como el que el país estaba viviendo a inicios de los años 2000.

2. El Louvre de Abu Dhabi – Jean Nouvel

Este museo combina elementos tradicionales islámicos con el modernismo clásico de Occidente, simbolizando el encuentro de culturas y la alianza cultural entre Francia y los Emiratos Árabes Unidos. Es una obra que refleja la complejidad del diálogo intercultural y la capacidad de ejercer influencia global.
En palabras del propio Jean Nouvel para la revista Architectural Digest:
“Quería crear un símbolo, en diálogo inmediato con una poderosa dimensión espiritual.”
Con una gran y pesada cúpula que parece súper ligera, diseñada con maestría, entras en un microclima perfecto para un país como Emiratos Árabes Unidos, donde la brisa, el agua y la luz filtrada juegan con tus sentimientos y te invitan a disfrutar y descubrir un museo, una cultura, llenándola de misticismo y elevando la espiritualidad como solo los elementos más básicos pueden hacer. Todo un reflejo de la cultura árabe y del imaginario que este país está intentando vender en el mundo, abriendo sus puertas al comercio exterior y situándose como uno de los destinos más solicitados para viajeros de todo el mundo.

3. Apple Park en Cupertino – Norman Foster

Situado en California, este edificio circular y de gran escala en relación con su entorno apuesta por un diseño innovador y demuestra el poderío de las empresas de tecnología de esta década. Refleja la filosofía de innovación continua de Apple, con un edificio circular, sin fin, que representa la rueda, considerada la primera innovación del hombre.
Un edificio diseñado gracias a las nuevas tecnologías y para las nuevas tecnologías, donde la sostenibilidad juega un papel fundamental desde su concepción, algo que Apple intenta implementar en la filosofía de su compañía desde hace ya bastantes años. Por lo tanto, no es de extrañar que este sea el edificio de su tiempo de mayor tamaño que funciona con ventilación natural la mayor parte del año, obteniendo la certificación LEED Platino. Norman Foster, uno de los mejores arquitectos de nuestro tiempo, consigue crear un edificio que, sin lugar a dudas, crea en sus trabajadores y visitantes una fascinación inmediata, ganas de descubrir, elegante y lleno de tecnología que representa los valores de la compañía a la perfección.
4. Ciudad de las Artes y las Ciencias – Santiago Calatrava

Uno de los grandes alardes arquitectónicos del último siglo. Un complejo futurista que combina ciencia, arte y naturaleza con formas biomórficas imposibles. Esta propuesta arquitectónica y urbanística refleja un tiempo de esplendor económico, posicionando a Valencia como un destino cultural y científico en el mundo. Una obra compleja y faraónica, hija de su tiempo político, que sin duda se construyó rodeada de una gran polémica.
A lo largo de casi dos kilómetros, este proyecto, realizado por el español Santiago Calatrava, se centra en otorgar a la ciudad de Valencia una nueva visión, un lugar donde se mezclan los colores del Mediterráneo, el blanco y el azul del mar junto con la luz y unas monumentales esculturas modernistas que no dejan indiferente a nadie y le dan un carácter futurista al complejo. El arquitecto concibe su diseño como un proyecto peripatético, es decir, un proyecto indicado para el paseo y el descubrimiento. La idea es siempre evitar el estatismo en todo el complejo, dando todo el protagonismo a la necesidad de descubrimiento del viandante. Un complejo diseño que hace que los edificios siempre estén en constante movimiento, incluso observándolos desde una posición fija, las sombras harán de esta obra arquitectónica una obra dinámica.
Movimiento, avance, modernidad y descubrimiento son la visión que tanto Calatrava como los políticos de su tiempo tenían para Valencia y su Ciudad de las Artes y las Ciencias.

5. Museo Judío de Berlín – Daniel Libeskind

Quizás uno de los edificios que mejor reflejan un concepto es el de sus visitantes. Un zigzag fragmentado que representa la dolorosa historia del pueblo judío en Alemania. Libeskind, de forma maestra, utiliza ángulos agudos y espacios vacíos para simbolizar la ausencia y el sufrimiento, creando un edificio que no deja a nadie indiferente. Un lugar donde la arquitectura ultramoderna pretende transmitir sensaciones e ideas que inviten a la reflexión.
Este edificio es conocido como el Museo Judío de Berlín, una obra de arquitectura que no solo alberga exposiciones, sino que en sí misma cuenta una historia. Cada ángulo y cada vacío están diseñados para hacer sentir al visitante la ausencia y el vacío que dejaron los judíos víctimas del Holocausto. El recorrido dentro del museo está lleno de espacios inesperados y perspectivas rotas, lo que genera en el visitante una constante sensación de desorientación e inquietud, evocando las experiencias traumáticas que el museo conmemora.
Un edificio que habla, que habla de un tiempo y de una historia, para que no sea olvidada.
Un edificio frío, vacío de ornamento, pero lleno de geometría y falta de luz, donde todo transmite desasosiego. Las paredes grises y los pasillos estrechos refuerzan esta sensación de opresión y sufrimiento, permitiendo que la arquitectura misma narre la historia de dolor y resistencia del pueblo judío.
El diseño del edificio incluye una serie de «Void Spaces», o espacios vacíos, que atraviesan toda la estructura. Estos vacíos representan las vidas perdidas y las comunidades destruidas, ofreciendo un espacio para la reflexión y el recuerdo. Libeskind también incorporó una Torre del Holocausto, un espacio oscuro y cerrado que provoca un profundo sentimiento de aislamiento, reforzando el impacto emocional del museo.

Estos ejemplos contemporáneos muestran cómo la arquitectura sigue siendo una herramienta poderosa para expresar y moldear las dinámicas geopolíticas, demostrando que la arquitectura y la geopolítica continuarán siendo aliadas inseparables en la creación de obras maestras.
Esta observación destaca la importancia continua de la arquitectura en reflejar y dar forma a la política y la cultura. Desde los edificios históricos que hemos mencionado hasta las obras modernas, la arquitectura sirve como un testimonio tangible de los ideales y ambiciones de una sociedad. El diseño y la construcción de estos edificios no solo representan avances técnicos y estéticos, sino también movimientos geopolíticos que influencian y son influenciados por el contexto global.
En palabras de Mies Van der Rohe:
“La Arquitectura es la voluntad de una época traducida al espacio”
Y yo nunca lo habría dicho mejor.

