
La obra de Smiljan Radić Clarke se configura como un entramado de capas superpuestas, donde biografía, desplazamiento y pensamiento crítico convergen en una práctica arquitectónica difícil de encasillar. Nacido en Santiago de Chile, su infancia estuvo marcada por una noción de pertenencia abierta, que lo llevó a comprender la identidad no como una condición heredada, sino como un proceso en permanente elaboración.

Ganador del Pritzker de Arquitectura 2026
Lejos de una vocación precoz y definida, su aproximación a la arquitectura fue gradual, casi intuitiva, atravesada por momentos de duda y descubrimiento. El dibujo constituyó uno de sus primeros lenguajes, y no sería hasta la adolescencia cuando, a través de un ejercicio escolar, donde se enfrentaría por primera vez al proyecto arquitectónico. Su estancia en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, junto con una etapa de viajes, ampliaron su horizonte disciplinar y consolidaron una mirada que desborda los márgenes estrictos de la arquitectura.

En efecto, la producción de Radić se sitúa en un territorio expandido donde confluyen la filosofía, las artes visuales y un imaginario nutrido de referencias literarias y míticas. Esta constelación de influencias se traduce en una arquitectura que oscila entre lo primitivo y lo contemporáneo, entre la materialidad contundente y la evocación poética.

A lo largo de su trayectoria, ha sido distinguido con diversos reconocimientos internacionales, entre los que destacan el Architectural Record Design Vanguard, el Premio Oris o el Arnold W. Brunner Memorial Prize de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, consolidando así una posición singular dentro del panorama arquitectónico contemporáneo.

En el núcleo de su reflexión emerge una idea persistente: la del encierro como condición compleja. Para Radić, la arquitectura no se limita a ofrecer refugio entendido como distanciamiento de lo exterior, ni únicamente amparo como experiencia introspectiva, sino que aspira a constituirse en un espacio de protección en un sentido más profundo: un lugar de estabilidad desde el cual asumir la vulnerabilidad inherente a la existencia. En esa tensión entre resguardo y exposición, entre interioridad y mundo, se articula una de las dimensiones más significativas de su pensamiento y de su obra.
Fotografías: https://www.pritzkerprize.com/ y Cristobal Palma

































































